Los niños y la discapacidad auditíva

Pubicado enCategoríasNoticias

La discapacidad auditiva, ya sea leve o profunda, afecta a un aspecto esencial del ser humano: la comunicación. El hombre, por naturaleza, necesita y precisa comunicarse y entablar relaciones sociales para su desarrollo intelectual y crecimiento. Esta falta de comunicación, si no es corregida, deriva en otros daños psicológicos importantes, de ahí que cuando la discapacidad auditiva afecta a los más pequeños, debemos saber detectarla y tratarla de forma inmediata.

Las dificultades a las que se enfrenta un niño con deficiencia auditiva van desde un retraso en el vocabulario, base en la que se fundamenta el desarrollo intelectual, problemas de lectura, dificultad en la adquisición y asimilación de conceptos, retraso en la adquisición de conductas, desarrollo tardío del juego simbólico, etc. Por todo esto, es esencial que los padres sepan detectar estos problemas desde los primeros meses de vida.

¿Cuáles son las principales señales para detectar la deficiencia auditiva en niños?

  • Falta de reacción a ciertos ruidos del ambiente (golpes bruscos, ruidos inesperados, etc)
  • El habla temprana es monótona, sin musicalidad y desaparece o se minimiza con las palabras con significado.
  • Atención reconcentrada (a veces se confunde con algunos grados bajos de autismo) o dispersa, se distrae con facilidad.
  • No comprende indicaciones simples
  • No repite frases o no consigue contar lo que le pasa.

Una vez detectado y con la ayuda de un médico especialista, podremos dirigir nuestra ayuda hacia su deficiencia. En términos generales se diferencian en dos grupos:

  1. Hipoacúsicos: corresponde a los niños con audición deficiente que precisan de prótesis auditivas pero son funcionales en su vida diaria.
  2. Sordos profundos: cuando el déficit auditivo no es funcional para su vida diaria.

En cualquier caso y en mayor o menor medida, las Necesidades Educativas Especiales (NEE) del niño pueden centrarse en:

  • Adquisición temprana de un sistema de comunicación, ya sea oral o signos, que permita un desarrollo congnitivo y socialización.
  • Desarrollo de la comprensión y expresión escrita que le facilite la autonomía y acceso a la información.
  • Estimulación y aprovechamiento de la audición residual
  • Desarrollo emocional equilibrado
  • Personalización del proceso de enseñanza: adaptación curricular, equipamiento técnico, apoyo logopédico, etc.

Los niños con deficiencias auditivas detectadas de forma temprana, si no existen otras deficiencias asociadas, no tiene por qué suponer un desarrollo anómalo intelectual. Estos niños suelen estar dentro de los parámetros normales de desarrollo y aunque puedan presentar algún retraso en el desarrollo cognitivo, estos pueden corregirse sin problema con el apoyo y refuerzo de su entorno, escuelas y las medidas mencionadas.

Fuentes:
Universidad Internacional de Valencia   –    Espacio Logopédico

(Visited 399 times, 1 visits today)